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Palabras del Consejero para Asuntos Políticos Richard Sacks sobre el Tratado de Libre Comercio Panamá/Estados Unidos, Club Unión Arabe de Colón

30 de marzo de 2006

Estoy aquí esta mañana para hablarles sobre el libre comercio – y el porqué nuestras dos naciones deben comerciar más.

Específicamente, hay un tratado bilateral de libre comercio que nuestras dos naciones han estado negociando durante mi estadía aquí en Panamá.

Estoy seguro de que ustedes han escuchado sobre él. Este será un tratado muy detallado y de mucho alcance. De hecho en estos momentos, es el punto más importante en la agenda bilateral entre nuestros dos países.

Además de crear riqueza y elevar el nivel de vida, nosotros en los Estados Unidos estamos convencidos de que el TLC ayudará a promover la seguridad, la democracia, los derechos humanos, el buen gobierno, y por lo tanto la paz. Nuestras relaciones políticas se desarrollarán más estrechamente con este tratado.

La verdad es que Panamá y los Estados Unidos tienen una estrecha relación desde hace más de un siglo. Sin embargo, de alguna manera el libre comercio nunca ha sido lo principal en nuestra lista de asuntos bilaterales. Como antecedente, puedo comentarles que Estados Unidos fue la fuerza principal que impulsó la creación del sistema mundial del comercio en el 47, en un acuerdo llamado el GATT, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio.

Es bien sabido que Panamá participó como miembro fundador de las Naciones Unidas al final de la segunda guerra mundial, pero aún así Panamá decidió seguir su propio camino y nunca se unió al GATT, enfocándose en su mercado interno. Fue sólo en el 97, cincuenta años después de la fundación del GATT, que Panamá se convirtió en una de las primeras naciones en unirse a la nueva Organización Mundial del Comercio (OMC).

Es por ello que me parece que el libre comercio es una idea relativamente nueva en Panamá y no es sorprendente que el tema pueda ser un poco polémico todavía.

El intercambio comercial existe desde que las personas comenzaron a viajar a otras naciones y observaron que podían comprar cosas allí que no estaban disponibles en sus propios países; cosas que son más baratas y que eran mejores que las que podían conseguir en casa. Así que las compraban y se las llevaban de regreso.

Tan pronto llegaban, sus vecinos, amigos y familiares veían lo que habían comprado e inmediatamente preguntaban, “Dónde puedo conseguir eso?” Así, ellos regresaban al país que habían visitado y compraban tantas cosas de esas como podían transportar y comprar, y las traían a casa para venderlas.

De esa manera nació el comercio entre las naciones. Y tan pronto llegaba el bote o la carreta llena de productos a un puerto o a una frontera, alguien trataba de bloquear el camino o de imponer impuestos, y es así cómo nace el proteccionismo, porque no a todos les gusta competir con productos extranjeros.

Entonces, ¿para qué comerciar? La razón es simple. Las naciones comercian porque el comercio genera riqueza. Más libre comercio significa más riqueza. Si el gobierno promueve el intercambio comercial, el país se vuelve más rico. Si el gobierno restringe este intercambio, el país se vuelve más pobre.

Permítanme hablarles un poco sobre Corea.

En la península coreana existe un grave contraste de desarrollo entre Corea del Norte y Corea del Sur. Una de las naciones que hoy comercian menos es Corea del Norte. Corea del Norte es uno de los países más pobres del mundo, que no cuenta siquiera con los medios para alimentar a su propio pueblo. Esto se debe principalmente a que los norcoreanos no producen mucho de lo que el mundo quiere comprar, y tienen pocos medios para comprar del mundo cosas que quieren.

Pero al otro lado de la frontera está Corea del Sur, la décima economía más grande del mundo. ¿Alguien recuerda que en 1960, el producto interno bruto per cápita de Corea del Sur era de $80 dólares? Que era el tercer país más pobre del mundo?

Corea del Sur, un país virtualmente sin recursos, decidió en 1961 que tenía que exportar o morir. A través de los años, Corea del Sur se ha convertido en una de las grandes naciones comerciales del mundo. Los resultados no pueden ser más claros. En la actualidad, el producto interno bruto per cápita de Corea del Sur es de más de $20,000 dólares, mientras que el producto interno bruto per cápita de Corea del Norte es de tan solo $1,800 dólares. Corea del Norte se encuentra en el puesto número 149 en el mundo. Detrás de Birmania, otro país cerrado al libre comercio.

Una de las mejores maneras para reducir la pobreza – y tal vez la única manera- es creando puestos de trabajo. Les puedo asegurar que un tratado de libre comercio que no genera empleos no vale la pena. Y los nuevos empleos, especialmente en industrias exportadoras, generalmente pagan mejor que los empleos del mercado local que ellos sustituyen. De hecho, muchas veces pagan sustancialmente mejor.

¿Sabían que los salarios para los trabajos relacionados a la exportación en México son aproximadamente un 37 por ciento más altos que los de los trabajos no relacionados a la exportación?

El libre comercio obviamente significa que más bienes y servicios extranjeros se venderán en el mercado local. Y eso por ende significa más competencia. La mayoría de las veces la competencia es algo positivo. La competencia disminuye los precios para los consumidores mientras que aumenta la calidad. Recuerden que los consumidores somos TODOS. Los mismos productores son consumidores porque por lo general deben comprar bienes para producir bienes. La competencia abre oportunidades para la inversión y nuevos empleos y pueden crear industrias completamente nuevas.

Pero la competencia también trae el cambio. Trae la incertidumbre. No a todos les gusta la competencia. A esas personas las denominamos proteccionistas. Siempre es más fácil y rentable hacer negocios sin esos molestosos competidores. De hecho, cualquier comerciante preferiría dirigir un monopolio. Pero los monopolios no son nada buenos para los consumidores.
Podemos asegurar que el proteccionismo no tiene nacionalidad. Todos los países tienen proteccionistas. Les voy a dar un ejemplo. Hay un país cuyo nombre no voy a mencionar, un país asiático, uno de los socios comerciales más grandes de los Estados Unidos.

Una vez, durante las conversaciones sobre el libre comercio, los negociadores estadounidenses querían reducir las restricciones en la importación de esquís. Esquís. Para la nieve. Pero los negociadores de este país asiático querían mantener las restricciones e impedir la entrada de esquís hechos en el extranjero.

¿Cómo pueden justificar el impedir la entrada de nuestros esquís?, preguntó el lado estadounidense. ¿Saben cuál fue la respuesta? Los negociadores asiáticos explicaron que la nieve en su país tenía cualidades únicas. Sólo esquís hechos localmente podían funcionar bien. Si se permitía la venta local de esquís fabricados en el extranjero, sus esquiadores estarían en peligro. Créanme, es una anécdota real.

Quiero compartir con ustedes otra historia. También de Asia, y también de uno de los crecientes e importantes socios comerciales de los Estados Unidos. Es otro país que conozco bastante bien y en donde estuve cuatro años antes de ir a Corea. Ese país es Vietnam. En Hanoi, su capital, pasé mucho tiempo negociando un acuerdo bilateral de intercambio comercial.

En 1995, tras un intervalo de 20 años después del fin de la guerra en el 75, y con el espíritu de enterrar el pasado y curar las heridas de la guerra, Vietnam y los Estados Unidos reestablecieron relaciones diplomáticas. En el 95, Estados Unidos abrió una embajada en Hanoi, y mi familia y yo llegamos cuatro días después de que abrió la embajada.

Durante la mayor parte del tiempo entre el 75 y el 95, el intercambio comercial entre Vietnam y los Estados Unidos fue casi nulo. La mayoría de la capacidad industrial de Vietnam era propiedad del estado. Vietnam era un país comunista del bloque soviético, dirigido por un partido comunista que dependía de acuerdos engorrosos de estado a estado y de la ayuda en masa por parte de la Unión Soviética y Europa Oriental. Cuando la Unión Soviética comenzó a quebrar a finales de los años 80 y a principios de los 90, Vietnam tuvo que luchar para unirse al resto del mundo.

Para principios de los 90, Vietnam era uno de los países más pobres del mundo, con un ingreso per cápita de aproximadamente $200 dólares. El 60 por ciento del país vivía por debajo de la línea de pobreza que establece el Banco Mundial. Tengan en mente que la pobreza en Panamá está por encima del 40 por ciento. El problema de Vietnam era una seria carencia de empleos.

Para el 95, el panorama había mejorado un poco. La economía de Vietnam se estaba abriendo. La inversión extranjera iba en aumento. El crecimiento de la economía estaba aumentando. Pero el país todavía era pobre y necesitaba empleos con urgencia. Un gran problema era que, sin un acuerdo comercial bilateral con los Estados Unidos, Vietnam no tenía suficiente acceso a la economía más grande del mundo. Las tarifas impuestas por Estados Unidos a los productos vietnamitas eran demasiado altas, y viceversa. Encima, Vietnam nunca ingresó al GATT, y a eso hay que añadirle que tradicionalmente los países comunistas no manejan el lenguaje ni los conceptos comerciales tal cual han sido aceptados por el mundo, así que era un proceso de enseñanza y de convencimiento. Inversionistas estadounidenses estaban ansiosos por entrar en Vietnam para desarrollar industrias, pero con las debidas protecciones legales, además del compromiso de que los productos y servicios que ofrecían fueran accesibles a todo el pueblo vietnamita.

Uno de los problemas principales en las negociaciones fue simplemente explicar cómo funcionaba el sistema comercial mundial a los negociadores vietnamitas. Tuvimos que venderles la idea del libre comercio – convertirlos en creyentes- y convertirlos en expertos, para que pudieran convencer a sus autoridades políticas de que el libre comercio con los Estados Unidos era una buena idea, ya que representaba fuertes ventajas para Vietnam. Al final, el acuerdo bilateral con Estados Unidos también significó para Vietnam un paso adelante para su potencial ingreso en la OMC.

Nosotros empezamos a negociar un acuerdo comercial bilateral con Vietnam en 1996, en cuatro áreas: comercio de bienes, servicios, derechos de propiedad intelectual, e inversión.

Nuestro objetivo en las conversaciones propias del acuerdo comercial bilateral con Vietnam era llevar al país al sistema comercial mundial. Para julio del 99, después de siete rondas, y una última y tensa negociación de alto nivel, lo logramos. ¡Teníamos un acuerdo! Se supone que el acuerdo se iba a firmar en septiembre del 99 pero en el último minuto, no se firmó. Los vietnamitas nos dijeron que ellos no estaban listos, pero no decían por qué. Pasaron semanas, luego meses. Vivimos casi un año de incertidumbre. La espera afectó a los que trabajamos tan arduamente en el acuerdo por tanto tiempo. Les estoy contando esto para enfatizar que cada negociación comercial está llena de altibajos, con comienzos complicados, y eventos inesperados.

De repente, después de unos cuantos cambios más al texto, ambas partes estaban listas, el Presidente Clinton firmó el acuerdo en el verano del 2000, el Congreso lo ratificó, y entró en vigencia en el 2001. Los resultados fueron espectaculares.

En el 95, cuando llegué a Hanoi, el comercio total entre los dos países sumaba alrededor de $500 millones de dólares. Para el 2002, después de que el acuerdo entrara en vigencia por un año completo, el comercio llegó casi a la marca de los tres mil millones de dólares, cantidad seis veces mayor que la de antes del acuerdo. Para el 2005, el intercambio comercial fue de casi 8 mil millones de dólares al año (dieciseis veces más alto que antes), en su mayor parte a favor de Vietnam. Aproximadamente $27 mil millones de dólares en inversión extranjera han ingresado al país desde los años 90. Pero eso no es todo, se crearon 10 millones de empleos. El ingreso per cápita se triplicó. Y la pobreza, que había sido del 60 por ciento a mediados de los 90, cayó a un 20 por ciento.

Ahora, obviamente, Vietnam y Panamá son diferentes. Vietnam está en Asia. Su población es 25 a 30 veces mayor que la de Panamá y la mayoría de los vietnamitas todavía se dedican a la agricultura. Es entendible que si Vietnam mira hacia China, Panamá mire hacia América Latina y al CAFTA como modelos ideales. Y, Panamá tiene el Canal. Pero lo que realmente sobresale es el compromiso y voluntad de Vietnam de querer firmemente aumentar los empleos y reducir la pobreza.

En este lado del mundo, por otra parte, ya se veían los resultados del NAFTA, firmado en 1994, y que como ustedes saben es entre los Estados Unidos, México y Canadá. Entre los resultados más significativos están los siguientes:

• El comercio total entre México, Estados Unidos y Canadá se duplicó en menos de una década.
• Las exportaciones mexicanas a Canadá y los Estados Unidos se triplicaron; y
• Se crearon 3.5 millones de empleos nuevos en México entre 1995 y 2000, la mitad relacionados con la exportación.
• La producción agrícola mexicana aumentó en un 50 por ciento durante los primeros siete años del NAFTA.

Ahora hablemos sobre Panamá. Dicho sencillamente, un TLC potencialmente generaría nuevos empleos y por tanto podría aumentar la fuerza laboral en Panamá. Casi el diez por ciento de los panameños están desempleados y el 25 por ciento están subempleados. El mercado nacional aquí no es lo suficientemente grande para estimular un crecimiento sustancial del empleo. Los ejemplos de Corea, Vietnam y México son claros – invertir en el libre comercio dirigido a las exportaciones es una muy buena manera de crear empleos y reducir la pobreza.

Ahora mismo, Panamá exporta bienes con un valor de más de $300 millones de balboas al año a los Estados Unidos, más del 42 por ciento son productos agrícolas. Aproximadamente el 90 por ciento de estos bienes ingresan a los Estados Unidos con cero arancel debido a la Iniciativa de la Cuenca del Caribe. Pero esta iniciativa expirará en el 2008. Si Panamá no concluye un TLC con los Estados Unidos, los aranceles estadounidenses que se aplican a los productos agrícolas panameños aumentarán – y arruinarán su competitividad en los Estados Unidos. Una ventaja clave del TLC es que terminaría con la incertidumbre de tener una fecha límite para aprovechar bajas tarifas. El TLC invitaría a los inversionistas a realizar inversiones a largo plazo, sin la preocupación de una fecha a caducar.

El TLC no sólo aumentará el empleo neto, sino que también disminuirá sustancialmente los precios. Cuando debatimos sobre los “ganadores y perdedores” en los acuerdos comerciales, lamentablemente el enfoque mediático se da por lo general hacia algunos pocos productores, y no sobre la gran mayoría de consumidores. De hecho, los aranceles y las barreras no arancelarias son tributos impuestos sobre los consumidores para subsidiar a productores no competitivos, “protegiéndolos” de la competencia. Eso quiere decir que ustedes y yo, como consumidores, tenemos menos opciones en el mercado. Pagamos más por ciertos productos, incluyendo los productos básicos. Las ganancias van a un puñado de empresas privilegiadas y no productivas.

Según un analista panameño en la Asociación de Consumidores Libres, los panameños pagan demasiado por los alimentos: cebollas, papas, leche, arroz. Al abrir el mercado de arroz solamente, los consumidores panameños podrían ahorrar $180 millones de balboas al año. Son $60 balboas por persona. Al quitar los aranceles a los productos básicos alimenticios se podría reducir substancialmente el costo de la canasta básica panameña! Eso marcaría una enorme diferencia para las familias panameñas pobres. También haría una gran diferencia en las familias de clase media.

Ahora hablemos sobre lo que NO hará un tratado de libre comercio.

(1) Algunos dicen que Estados Unidos quiere un TLC porque queremos debilitar las regulaciones sanitarias de Panamá que los protegen de enfermedades en los alimentos o de plagas que entran con ellos. Esto está totalmente lejos de la verdad.

Lo que Estados Unidos está solicitando en las negociaciones es un sistema de reconocimiento recíproco. El gobierno de Panamá ya ha enviado a sus expertos y científicos a los Estados Unidos para observar nuestro sistema completo; nos gustaría enviar nuestros expertos a Panamá para hacer lo mismo aquí. La idea es que ambos países reconozcan el sistema sanitario del otro país. Los consumidores panameños comerán alimentos de la misma calidad que la de los consumidores estadounidenses. Me parece que es un muy buen acuerdo. Ahora mismo, 55 países del mundo aceptan este sistema de “equivalencia”.

(2) Un segundo punto. Algunos dicen que Estados Unidos quiere un TLC para que se nos dé un acceso especial a los contratos relacionados a la posible ampliación del Canal. Esto simplemente NO es cierto. Si ven los otros TLC que hemos firmado, observarán que incluyen también capítulos sobre compras gubernamentales. Esto sencillamente garantiza que las compañías estadounidenses puedan competir en la mayoría de los contratos gubernamentales en IGUALDAD de condiciones con las empresas nacionales – excepto en aquellos que tratan asuntos sensibles como la defensa nacional.

(3) El último punto. Un TLC es sólo una oportunidad. No trae un certificado de garantía. No lo cura todo. De hecho, un TLC no hace mucho a menos que los gobiernos, negocios y sociedades cambien para que puedan aprovechar las posibilidades que ofrece el libre comercio. Hay dos frases clave: el pensamiento comercial estratégico y la formación de capital humano.

El libre comercio rompe el status quo. En un mundo globalizado, cada nación compite con todas las naciones. Una nación debe invertir en su pueblo con capacitación y educación de clase mundial en todos los niveles. ¿Cómo puede Panamá competir globalmente si los niños panameños no reciben el nivel y la calidad de educación que sus competidores globales proporcionan a sus niños? Sin mayor inversión en la educación, Panamá se quedará rezagada. Asimismo, los panameños podrían cumplir la promesa del libre comercio, promoviendo y proporcionando el re-entrenamiento para aquellos que trabajan en industrias ineficientes o no competitivas que se debilitarán.

El esfuerzo y la imaginación humana se encuentran en el centro de la habilidad de una nación para comerciar y competir. Por ejemplo: Silicon Valley (el Valle del Silicio) en California. ¿Alguien de veras cree que el éxito de Silicon Valley tiene que ver con sus grandes depósitos de silicio? No. Silicon Valley era un huerto de ciruelas. Su éxito tiene que ver con la creatividad humana, con los laboratorios de investigación de Xerox, con la Universidad de Stanford que está allí cerca, con el Sr. Hewlitt y el Sr. Packard quienes crearon una compañía en un garaje hace cincuenta años, así como lo hicieron el Sr. Wozniack y el Sr. Jobs veinte años después cuando crearon Apple Computer también en su garaje.

Los tratados de libre comercio son sólo el inicio. El trabajo verdaderamente difícil comienza después de que se firman los tratados. Sin los cambios fundamentales para eliminar el proteccionismo y para re-asignar los empleos y el capital hacia industrias competitivas, los tratados de libre comercio sólo son pedazos de papel.

En su nivel más básico, un tratado de libre comercio es un compromiso. Es un compromiso entre naciones, pero también entre las naciones y sus propios ciudadanos.

Muchas gracias.

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